El “asesino silencioso” de los corredores


Los corredores en general pueden presumir de contar con una buena dosis de salud. Sin embargo, las alertas se activan cuando la herencia de familia sentencia una mala jugada.

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Así como la herencia, existen otros factores de riesgo que alteran el estado físico del corredor.
Uno de ellos es la tensión arterial alta o hipertensión, llamada el “asesino silencioso” por no presentar síntomas y causar enfermedades serias cuando se dejan sin control.
La Organización Mundial de la Salud describe la hipertensión arterial como una enfermedad crónica, que se caracteriza por un incremento continuo de las cifras de presión sanguínea en las arterias.
Estas cifras, según el mismo organismo, no están claramente establecidas para limitar los rangos de riesgo y seguridad.
Internacionalmente se reconoce que un individuo tiene hipertensión cuando arroja una presión sistólica por encima de 139 milímetros de mercurio (mmHg) y una diastólica sostenida por arriba de 89.
Estas medidas se asocian a riesgo de arteriosclerosis, que son depósitos e infiltraciones de sustancias grasas en las paredes de las arterias, por lo que se considera hipertensión clínicamente de cuidado.
La tensión arterial normal va en el orden de 120/80.
Como uno de cada cuatro adultos padecen esta enfermedad en el mundo es muy posible que más de un corredor provenga de una familia con hipertensión.
Por eso, si la hipertensión es o ha sido un asunto recurrente entre los progenitores de un corredor, éste debe tenerlo muy en cuenta.
Y lo mismo el individuo predestinado a tener tensión alta, que debe aceptarlo e incorporar el ejercicio a su vida para sobrellevar mejor el padecimiento.
La misma OMS recomienda realizar una actividad física de moderada a intensa y de forma habitual para prevenir enfermedades cardiovasculares y demás trastornos asociados al sedentarismo.

 

Escrito por
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